Empoderamiento femenino: tarea de todos

Viajé a Perú para participar como voluntaria en el proyecto “Empower”. Antes de este viaje no me encontraba tan consciente de que la desigualdad de género era tan grave en otras partes del mundo. Estaba consciente de que en México este problema ha perdurado por muchos años y el machismo es una manera de pensar que hasta el día de hoy, no se ha superado al 100% entre la población mexicana. Sin embargo, mi horizonte no estaba del todo completo hasta esta experiencia, que me convirtió en ciudadana del mundo, consciente de la importancia del empoderamiento femenino.

 

A lo largo de las 6 semanas del proyecto Empower en Perú, aprendí a tratar con personas que no están acostumbradas al trato social, niñas entre 7 y 15 años que por lo que han vivido (fueron abandonadas y/o abusadas) desarrollaron una personalidad reactiva con los demás que hace difícil que tengan la confianza de simplemente acercarse a platicar con alguien. Aprendí maneras de escuchar, ponerme en los zapatos de alguien y motivarlo a seguir adelante. Desarrollé la habilidad de trabajar con un equipo multicultural y de asumir el liderazgo cuando se trata de improvisar una actividad divertida cuando veía que era un día difícil para las niñas en el albergue.

 

Mi proyecto como voluntaria estaba relacionado con el Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU número 5, Igualdad de Género. Te explico, seis voluntarias brasileñas y yo, trabajamos en un albergue con estas niñas pequeñas. Nuestro principal objetivo fue transmitirles ideas de autoestima y valía como mujeres en la sociedad, para impulsar el empoderamiento femenino. Esto lo hicimos a través de pequeñas actividades y dinámicas educativas que planeamos para ellas, como “pato, pato, ganso” versión internacional, crucigrama de valores, sopas de letras de las profesiones para que ellas conocieran todo el abanico de posibilidades con el que contarán en un futuro cercano. Todas estas actividades en donde les transmitimos valores para su vida, de cierta manera propiciaron el crecimiento personal de estas pequeñas, para motivarlas a perseguir sus sueños.

 

De todo lo que aprendí en el proyecto, creo que sin duda hubo aprendizajes que traje a México y que pueden trascender en acciones positivas. Ahora me encuentro dispuesta a proponer estrategias para impulsar el desarrollo personal en las personas, sobre todo en las mujeres a mi alrededor. Definitivamente estoy dispuesta a seguir trabajando en asociaciones que ayuden a las personas a tener una mejor visión de su futuro. No hay duda que el empoderamiento femenino no es una labor que nos corresponda sólo a las mujeres, nos corresponde a todos porque de lo que se trata es justo de lograr una sociedad con Igualdad de Género.

 

Esta es la historia de Ada Elizabeth Zaragoza como Voluntario Global de AIESEC. Para contribuir al empoderamiento femenino y a que la Igualdad de Género sea una realidad mucho más cercana para futuras y actuales generaciones, da click aquí.

Frida Orozco
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